-No tienes nada que hacer, me has echo mucho daño.
-Lo siento, nunca te más te haré daño.Si te vas, te juro que te buscaré...
-Suerte, no me encontrarás.Y te aseguro que no me vas a hacer más daño.
-Pero yo te quiero, te encontraré..
-¿Me quieres? No me hagas reir, sabes tan bien como yo que es mentira.
Y ella se fue, tan orgullosa como dañada. Pronto llegó a su destino, su piso en la octava planta del aquel edificio céntrico. Se acercó a la ventana abierta y susurró:
-Si es verdad que me quiere ahora sufrirá por mi, igual que yo lo he hecho por él.
Y se acercó más a la ventana abierta. Y calló.

No hay comentarios:
Publicar un comentario